
El negocio de la caza se baza en obtener beneficios a costa del asesinato de animales. Toda la demagogia y la retórica utilizada comunmente por los cazadores y quienes defienden la caza no puede ocultar este hecho. Los animales son asesinados impunemente por el mero hecho de obtener una satisfacción personal. Esto resulta moralmente injustificable. Aun así, el cazador dice “reverenciar la naturaleza” (11) y esta reverencia, al parecer, “ emana de su primera salida de caza, que es vista como una iniciación a un mundo invisible para los que no cazan” (12).
La realidad, sin embargo, es que millones de animales mueren injusta e innecesariamente. Muchos son heridos y mueren agónicamente. Se asesina a madres e hijos, a familias enteras. Se destrozan una vez tras otra los grupos ya constituidos de animales, con los perjuicios que esto supone para los supervivientes.
Las actividades cinegéticas, con la caza al frente, representan una industria más de explotación animal. En ella “se ha aumentado la intervención del ser humano sobre las especies de caza orientada no sólo a extraer individuos sino a favorecer su producción” (13).
Y encima como podemos observar, que he tapado la cara, de ese niño, porque la culpa no la tiene el la tienen los que le dicen que lo haga...
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